Amores que matan (o justicia divina)
La noche aquellaen la montaña llovía copiosamente y sólo se oían las ráfagas de viento que blandían la vetusta casa donde ellos hacinaban sus cuerpos como mudos travesaños sobre la cama envueltos en la loca furia de amar sin palabras excitados de nieve y frío.
Mientras una llamarada de humo y fuego descendía por la chimeneaquieta ella de palabras exhalando sólo goces y él sobre su cintura galopando abrazos.
Y tras el juego de las sábanas aparece una nueva sombra es Catalina la vengadora que prometió volver de entre los muertos y rescatar lo usurpado... Silencio, un chillido, el cerrojo de la puerta cede y entra la resucitada.
Conmoción de facto entre los bravos y locos amantes- como puede ser ella – se dice Clara.
- Acaso estamos soñando – acometePedro.
En tanto, la muerta de entre sus vestidos sustrae un arma blanca se trata de un cuchillo y en pleno sin mediar frases ni amenazas a cuchilladas a ambos fogosos amantes mata.
Se oye un grito estremecedor es Clara con sus intestinos sobre la cama asu lado Pedro yace estertóreo, ha muerto. Catalina ríe, no pronuncia palabra. Su venganza se ha consumado.
Clara aterrada va perdiendo la noción, agoniza y en medio de todo el dolor repite incansablemente: “Pero yo te amaba, yo te amaba, yo te amaba...” Y finalmente se desploma extenuada sobre la cama junto a ella Pedro su inquieto amante también ha muerto.
Catalina, la muerta viva, observa la escena, vuelve a reír sin percatarse que por una de sus mejillas se desliza casi imperceptible una lagrima – quizá el último dejo de amor de su alma triste y solitaria – ahora suelta el cuchillo y sale de la habitación tan silenciosamente como entró.
Nadie podría decir que esa noche ella acudió a vengar una traición – porque Catalina está muerta, y, los muertos no acceden a este nuestro mundo o al menos eso es lo que creemos pero esa noche ella retorno de entre las profundidades y estuvo allí es la verdad.
En la estancia ahora sólo reina el silencio y en noches como esta así de lluviosas es que yo recuerdo esta historia que me contó mi abuela al amparo de una hoguera en nuestra vieja casa de campo allá en Italia región de Provenza hace ya mucho, mucho tiempo.
Rosaluz López Ruiz (Chile)
- Relato escrito el día 22 de julio 2004. A las 2.59 de la madrugada en la ciudad de Valdivia. -