En la Tierra conozco yo un paraíso,
que no es en sí el Paraíso ni en conjunto la Tierra; un lugar
donde solamente un compromiso es necesario, amar, tanto como a ti te amas, a
la naturaleza. Es un jardín de eterna primavera, no es el Edén,
está en la Tierra. Es todo un mundo de verde esperanza, que viva se encuentra
en cada ser que en él habita. Hablo de un hermoso pueblo que nace de
una leyenda, antigua leyenda que surge de lo más profundo de la memoria,
y de un paisaje que de armonioso modo lo complementa, formando unidos una porción
más de nuestra historia. Es un paraje inconfundible, sin igual, irrepetible,
incorruptible, tan perfecto... ¡es admirable! Es una joya reluciente,
cual fuego ardiente, incandescente, tierra fértil de agua pura, aire
fresco; ¡es transparente! Hablo de un lugar maravilloso que por ser tan
bello, tan precioso, debe ser error intencionado de la naturaleza para librarnos
de penas y sufrimientos, que vagando en los recuerdos aún perduran en
nuestras mentes por mil lamentos maltratadas. Es la vida en dicho pueblo, paz
eterna, y no por ello hay que estar muerto, sólo, vivir sin pena cada
instante en esta Tierra que por azar nos ha sido concedido. Y es la gente de
esa zona, la del Bierzo, gente amable y respetable; lo aseguro, yo no miento.
Cuento ya para acabar que lo dicho, es dicho
con amor y gran sinceridad, pues de otra forma no sabría hablar de la
perfección de San Julián, ¡un pequeño pueblo de gran
corazón!